Por supuesto cumplí mi parte del trato con el difunto pero me di cuenta que fue un error, pues ha pasado un largo tiempo de aquel entonces y noticias de mi "amigo" no he recibido: nunca ha llamado ni ha escrito para saber cómo he estado, que si requiero ayuda o simplemente si estoy bien.
Esto me da dos lecciones importantes: la primera, la ayuda nunca será gratis y si quieren mi colaboración, paguen lo que es justo por mi esfuerzo y dedicación, y segundo, si vuelvo a hacer tratos con difuntos, lo pensaré mejor, pues de allá para acá la comunicación funciona, pero parece que hay interferencia desde aquí para allá.